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Ecos de la Reforma Judicial: El Rompimiento de la Jerarquรญa de la Virtud.

by | 22/04/2025 | Opiniรณn

 

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โ€œLa virtud es un hรกbito de libertad. Si somos
libres en cada acto, y cada vez estamos llamados
a elegir entre el bien y el mal, la virtud es lo que
nos permite tener un hรกbito hacia la elecciรณn correcta.โ€ โ€” Papa Francisco I

 

Por: Juan Jaime Gonzรกlez Varas

 

Llevo algรบn tiempo reflexionando sobre la cara olvidada del proceso de reforma judicial. Aquella que no se explica desde el Derecho, ni desde la polรญtica, ni desde la administraciรณn pรบblica. Una dimensiรณn humana, รฉtica, cotidiana. Un campo minado de contradicciones en el que se pone a prueba, mรกs que la constitucionalidad de una reforma โ€”que algunos dan por superadaโ€”, lo que sigue vigente es el debate sobre la integridad de quienes participan en ella.

La reciente partida del Papa Francisco I invita a contemplar su legado รฉtico y espiritual. En una de sus catequesis, explicรณ con claridad y profundidad que la virtud es un hรกbito de libertad: โ€œSi somos libres en cada acto, y cada vez estamos llamados a elegir entre el bien y el mal, la virtud es lo que nos permite tener un hรกbito hacia la elecciรณn correcta.โ€ Esa afirmaciรณn condensa su visiรณn mรกs honda sobre la responsabilidad humana y la รฉtica pรบblica.

Dentro de las virtudes cardinales, la justicia ocupa un lugar central. Y no solo como un concepto jurรญdico, sino como un valor humano fundamental. Francisco I lo subrayaba: la justicia no se reduce a las salas de los tribunales, sino que debe habitar tambiรฉn en nuestra vida cotidiana. Es una virtud que se expresa en lo grande y en lo pequeรฑo, en nuestras decisiones personales y nuestras relaciones sociales. โ€œLa persona justa es recta, sencilla y directa, no usa mรกscaras, se presenta tal como es, dice la verdad. Las medias verdades, los discursos sutiles que buscan engaรฑar, las reticencias que ocultan las verdaderas intenciones no son actitudes acordes con la justiciaโ€ (Catequesis, Audiencia General del 3 de abril de 2024).

Por eso resulta tan paradรณjico que, en el actual proceso de reforma judicial, algunos de quienes aspiran a construir justicia parezcan tan faltos de libertad. Libertad para decir lo que piensan. Libertad para actuar con coherencia. Libertad para defender sin mรกscaras la verdad, incluso cuando no les conviene. Y es que, como recordaba el Papa, la virtud es un hรกbito de la libertad.

He sido testigo de historias encontradas: titulares de รณrganos jurisdiccionales que declinaron participar por considerar el proceso indigno; otros que, sin experiencia polรญtica, se vieron forzados a competir para conservar su vocaciรณn; aspirantes que, formando parte de la judicatura, terminaron acercรกndose a grupos de poder para captar votos clientelares; personas ajenas al Poder Judicial que, con honestidad y claridad sobre sus lรญmites, desean aportar a la justicia; y otras, movidas por el oportunismo polรญtico o, peor aรบn, por una soberbia que les hace creer que sus credenciales acadรฉmicas bastan para impartir justicia, sin haber dictado jamรกs una sentencia.

Tambiรฉn hay quienes se inscribieron en el proceso para arrebatar lugares a titulares de รณrganos jurisdiccionales y que justifican su participaciรณn en el proceso bajo la bandera de que โ€œes mejor gente preparadaโ€ que la que puede llegar, sin reparar en el despojo รฉtico que eso implica. Otros han cargado con el doble de trabajo para cubrir a compaรฑeros en campaรฑa. He visto ex opositores de la reforma que ahora la defienden, bajo la lรณgica de que es un โ€œhecho consumadoโ€. Acadรฉmicos que, al convertirse en candidatos, abandonaron la crรญtica que alguna vez compartieron con sus estudiantes y que hoy sobreponen el interรฉs personal sobre el devenir histรณrico de las juventudes. Y dentro de la judicatura, voces que se acusan mutuamente: por participar o por abstenerse, por callar o por seรฑalar.

El Poder Judicial comenzรณ a fracturarse desde dentro. Y su reconstrucciรณn parece desalentadora. La reforma fue el catalizador de una serie de reacciones que sacaron a la superficie pulsiones individuales que nada tienen que ver con el sentido colectivo de la justicia. Lo mรกs alarmante no es solo lo que se ha perdido en tรฉrminos tรฉcnicos, sino el rompimiento de una jerarquรญa de valores. La justicia, que deberรญa construirse sobre principios compartidos, ha sido sustituida por estrategias individuales. Se ha exaltado la competencia desleal, la desesperanza, la traiciรณn, el oportunismo, la mentira. El mรฉrito, el compromiso y el sentido de comunidad se han visto desplazados por una lรณgica de supervivencia y conveniencia.

En este panorama sombrรญo, conviene volver a los fundamentos. Aristรณteles escribiรณ en su ร‰tica a Nicรณmaco que la virtud es un hรกbito que nos dispone a obrar bien, situado en un punto medio entre dos extremos viciosos, y alcanzado por medio de la razรณn. No es un impulso, ni una disposiciรณn pasiva: es una construcciรณn consciente, paciente y racional. Santo Tomรกs de Aquino, retomando esa tradiciรณn clรกsica, la definiรณ como un hรกbito operativo bueno, que perfecciona las potencias humanas y nos dirige hacia nuestro fin รบltimo. No se trata solo de hacer lo correcto, sino de formar el carรกcter para que lo correcto se vuelva natural, habitual, interno.

Ambos pensadores, tan lejanos en el tiempo como cercanos en profundidad, coinciden con el Papa Francisco en que la virtud no es un adorno del alma, sino su columna vertebral. Y en esa columna se sostiene โ€”o se caeโ€” todo proyecto institucional.

El daรฑo que queda no siempre es visible. En muchos casos, lo que ha dejado la reforma judicial es una secuela de violencias no dichas: palabras hirientes entre compaรฑeros, sospechas que deterioran los vรญnculos, silencios que pesan mรกs que los discursos. Heridas que no aparecen en los expedientes pero que afectan la vida institucional. Cuando el horizonte compartido se rompe, cada quien carga su dolor en soledad. El riesgo es que nos acostumbremos a esa fractura, que dejemos de sentir como colectivo lo que antes nos conmovรญa como cuerpo.

Yo sigo creyendo que el sentido crรญtico no debe perderse nunca, porque siempre podemos ser mejores. Pero eso no justifica polarizaciones que se alimentan del resentimiento ni violencias simbรณlicas que nos alejan del propรณsito comรบn. Todos llevamos heridas; ningรบn proceso es lineal. Pero algo es claro: la construcciรณn de un mejor sistema de justicia serรก colectiva, o no serรก. Como todo lo que importa verdaderamente en democracia.

Foro Jurรญdico (Ecos de la reforma judicial)

 

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